La pequeña gran mujer en la China – Gladys Aylward
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Joven e ingenua, pero confiada en Dios para que la guiara, la señorita Gladys Aylward dejó su casa en Inglaterra sin ningún apoyo económico y, con menos de diez dólares en el bolsillo, se embarcó rumbo a China.
Con la Guerra Chino-Japonesa librándose a su alrededor, ella luchó para que los niños huérfanos tuvieran las necesidades básicas de la vida y disfrutaran de la plenitud de Dios. Ayudaba a los presos y era amiga tanto del gran Mandarín como de los más desvalidos.
Una y otra vez, Dios triunfó sobre situaciones imposibles y, a través de su testimonio, atrajo a la gente a Él.
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